El guionista detrás de Fellini

Fellini, Trieste y Pinelli

De izquierda a derecha: Federico Fellini, el actor Leopoldo Trieste y Tullio Pinelli

Nunca asistió a ningún rodaje pero es considerado como el artesano que fue capaz de dar forma sobre el papel a las visiones de Fellini, uno de los cineastas italianos más relevantes en la historia del cine mundial. Hablamos del guionista Tulio Pinelli, fiel compañero creativo de Federico Fellini, y quien junto al director formó parte de una de las más importantes corrientes cinematográficas, el neorrealismo a comienzos de los años 40`. Nada menos, ya que contribuyó a la escritura de los dos filmes considerados fundacionales de este movimiento: Roma, cittá aperta (1945) y Paisá ( 1946) de Roberto Rossellini.

Fellini y Tullio Pinelli se conocieron en Roma a finales de 1946. Pero antes ya se habían visto más de una vez en la productora Lux Film. Pinelli, abogado, había abandonado su profesión y se había trasladado a Roma con su mujer y sus cuatro hijos para vivir del cine como guionista. Al mismo tiempo, el futuro director de La Dolce Vita acudía con frecuencia a cobrar sus guiones, topándose en varias oportunidades con Pinelli: un señor esbelto, de perfil afilado, aire circunspecto y amabilísimo.

Un día, en un quiosco de Piazza Barberini, ambos se pararon a leer el mismo periódico. Tullio Pinelli, años después recordaba: “vi que el joven que leía el diario por la otra cara era el tal Fellini. Nos saludamos, empezamos a charlar y enseguida nos entendimos. Fue como un flechazo artístico. No tardamos en hablar el mismo lenguaje ( …) Dimos un paseo y luego fuimos a su casa, en Via Lutezia. Allí empezamos a pensar en una historia que era diametralmente opuesta a lo que entonces se estilaba: un humilde empleado que un día descubría que podía volar y saltaba por la ventana agitando los brazos. No era lo que se dice una historia neorrealista, y de hecho nadie la realizó”.

Tulio Pinelli era dramaturgo y llevaba mas de una década en ese entonces escribiendo para el teatro. Pero no fue ni su experiencia ni su aura de escritor dramático, que cautivaron a Fellini, sino el entendimiento mutuo y el que ambos compartían un fiel rechazo al naturalismo en la puesta en escena y una fascinación creciente por lo marginal y fantástico.

Poco tiempo de este encuentro, Fellini y Pinelli se pusieron a trabajar en extensas sesiones donde empezaron a brotar las mejores ideas. Fellini años después contó que trabajaban en más de un guión a la vez. Dedicaban las mañanas a los compromisos con Lattuada, Germi o Rossellini, y en las tardes realizaban guiones comerciales.

Es en estas jornadas donde escribieron juntos con la colaboración de Ennio Flaiano, la primera película que dirige Fellini con Alberto Lattuada, Luces de variedades (1950) y el primer filme en solitario El jeque blanco (1952). Más tarde La strada (1954), Almas sin conciencia (1955), Las noche de Cabiria (1957), La dolce vita (1960), Ocho y medio (1963) y Giulietta de los espíritus(1965).

Con Giulietta vino una larga separación profesional, hasta que se reencuentran cuando Fellini le pide que lea el guión de Ginger y Fred (1986) y en su última película, La voz de la luna (1990), veinte años después.

Refiriéndose a su labor, Pinelli años más tarde dijo : “ la labor del guionista hay que aceptarla como lo que es. Fellini era muy intransigente, pero las ventajas de colaborar con un genio compensaban de muchas cosas, de muchas renuncias y de muchas decepciones”, precisó Pinelli quien dice aprendió con el director italiano a amar el cine. Al mismo tiempo, Fellini aprendió con Tulio la importancia de un guión bien construido y diálogos bien escritos y reescritos con tiempo; un elemento de la cadena cinematográfica que Pinelli definía como “ritmo”.

“El guión no es solamente una continuidad de escenas, sino escenas unidas de cierta forma, con un cierto ritmo(… )Un ritmo. Es como componer música(…) La estructura es ante todo una función de la duración. Las escenas deben comenzar en un momento preciso, deben ser abordadas de cierta manera y terminar en un momento dado, pero el resultado final de una película dependerá del ritmo. El guión sugiere el ritmo y el montaje. Una película es el producto de un trabajo colectivo” explicaba este guionista.

Si bien Tullio Pinelli escribió para otros directores como Alberto Lattuada, Dino Risi, Pietro Germi,Antonioni y Mario Monicelli; y también, Federico Fellini trabajó con otros guionistas como Brunillo Rondi, Tonino Guerra o Bernardino Zapponi. Pinneli siempre será reconocido como el guionista que le dio vida al mundo Fellinesco: capaz de convertir el realismo social a un espectáculo fantástico.

 

Tulio Pinelli murió a los 101 años en Roma el 2009.

Dolce vita

La Dolce Vita     (1960)